IA, por ahora.

La IA y yo

Diseño, tecnología, curiosidad y algunas contradicciones.

Un poco de contexto

Llevo toda la vida rodeado de ordenadores. Empecé con un 386 y sus disquetes, fui descubriendo los primeros programas de diseño y, casi sin darme cuenta, he visto cómo la tecnología iba evolucionando al mismo tiempo que yo aprendía mi oficio.

Supongo que he tenido la suerte de vivir todos esos cambios de forma bastante natural. Cada nuevo programa, cada avance en hardware y cada herramienta que aparecía era una excusa para aprender algo más, probar cosas y ver hasta dónde podía llegar.

Con la inteligencia artificial no ha sido exactamente igual.

Cuando aparecieron Stable Diffusion y Midjourney, allá por 2022, recuerdo una mezcla bastante extraña de fascinación y miedo. Aquello era increíble, incluso con todos los defectos que tenía. De repente, una máquina podía generar en segundos imágenes que hasta entonces requerían otros procesos, conocimientos y mucho tiempo.

No tenía muy claro qué pensar. Y, siendo sincero, todavía no lo tengo del todo claro.

Lo que sí hice fue empezar a probar. Primero por curiosidad, después incorporando pequeñas cosas a mis trabajos y, poco a poco, aprendiendo a combinar herramientas que hasta hace nada ni siquiera existían.

Hoy utilizo inteligencia artificial para generar imágenes, desarrollar conceptos, experimentar con vídeo, crear elementos tridimensionales, programar y construir mis propias herramientas. Algunas cosas me salen bien, otras son un desastre y muchas terminan llevándome por caminos que no tenía previstos.

Este pequeño espacio es una manera de compartir lo que he ido aprendiendo, las herramientas con las que trabajo y algunas reflexiones que me rondan la cabeza. No pretendo dar lecciones ni convencer a nadie de nada. Simplemente contar cómo estoy viviendo todo esto desde mi pequeño estudio, entre diseños, experimentos y demasiadas pestañas abiertas.

Lo que sale de aquí

Un surtido de pruebas, piezas y fondos de pantalla míos. Algunos vídeos, algunas imágenes. Lo que va saliendo cuando mezclo herramientas.

Mi caja de herramientas

No es un ranking ni una colección de logotipos para impresionar. Son algunas de las herramientas que he ido incorporando a mi trabajo y para qué las utilizo.

  • Midjourney y Stable Diffusion Imagen · Experimentación · Concept art

    Mi punto de partida. Aprendí a trabajar con prompts, referencias, variaciones y moodboards. Los utilizo para explorar ideas, desarrollar universos visuales y encontrar materiales que después puedo adaptar a mis diseños.

  • Adobe Photoshop + IA generativa Retoque · Integración · Acabados

    Una parte fundamental de mi proceso. Amplío, reconstruyo, corrijo y combino imágenes, ajustando color, luz, textura y composición. Es donde muchos resultados generados empiezan a convertirse en piezas que realmente puedo utilizar.

  • ChatGPT e IA de imagen Ideación · Imagen · Investigación

    Una de las herramientas que más utilizo. Me ayuda a desarrollar ideas, investigar, organizar procesos y generar o transformar elementos visuales. También sirve para contrastar planteamientos y resolver problemas técnicos, aunque siempre hay que comprobar lo que devuelve.

  • Kling, Seedance y Higgsfield Vídeo · Animación · Dirección visual

    Trabajo con generación de vídeo, movimiento de cámara, animación de imágenes y secuencias audiovisuales. Me interesa especialmente conseguir movimientos creíbles, evitar los defectos habituales de la IA y adaptar cada resultado al lenguaje visual de un proyecto.

  • Meshy, Blender e impresión 3D Modelado · Objetos · Producción física

    Genero y desarrollo modelos tridimensionales que puedo modificar, integrar en composiciones o preparar para fabricación. Me gusta especialmente esa posibilidad de pasar de una idea digital a un objeto que puedo tener entre las manos.

  • Claude Code y programación asistida Web · Código · Automatizaciones

    Probablemente una de las sorpresas más grandes. Sin venir del mundo de la programación, he empezado a desarrollar mi web, automatizar tareas y crear aplicaciones y pequeños sistemas propios. Es una forma de aprender mientras construyo cosas que necesito o que simplemente me apetece probar.

  • RITA — Mi experimento con IA local Modelos locales · Asistentes · Sistemas propios

    Uno de mis proyectos personales más entretenidos. Una inteligencia artificial que funciona en mi propio equipo, con la que experimento con modelos de lenguaje, memoria, voz, automatizaciones y conexiones con diferentes servicios. A veces funciona como esperaba. Otras veces me recuerda que todavía queda muchísimo por aprender.

    Ir a la página de RITA — Mi experimento con IA local

Y, por supuesto, todo esto convive con Illustrator, After Effects, Photoshop, Blender y las herramientas de diseño de siempre. La IA no ha sustituido mi mesa de trabajo; se ha sentado en ella.

Algunas cosas que pienso sobre todo esto

Una relación de amor, miedo y curiosidad

He tenido momentos bastante contradictorios con la inteligencia artificial. Recuerdo especialmente la llegada de los primeros grandes modelos de imagen de ChatGPT. Aquella capacidad para reproducir estilos y generar imágenes tan variadas me dejó impresionado. También recuerdo pasar una mala noche pensando en lo que aquello podía significar.

Y no era la primera vez.

Con cada salto importante he sentido algo parecido. Una mezcla de entusiasmo por todas las posibilidades que se abren y cierta inquietud por lo rápido que está cambiando todo.

Con el tiempo he terminado disfrutando muchísimo de estas herramientas, pero no creo que eso signifique tener que estar de acuerdo con todo lo que implican.

La herramienta no hace el trabajo completo

Una parte importante de mi trabajo actual consiste, curiosamente, en conseguir que las cosas hechas con IA no parezcan hechas con IA.

Las imágenes generadas suelen necesitar correcciones de composición, iluminación, color, proporciones o textura. Los vídeos pueden tener movimientos extraños, gestos artificiales o comportamientos que no terminan de resultar creíbles.

Y ahí es donde paso bastante tiempo.

Genero, selecciono, descarto, reconstruyo, dibujo encima, retoco, combino y vuelvo a empezar si hace falta. No me interesa tanto obtener algo espectacular en diez segundos como conseguir que el resultado final tenga sentido dentro de lo que estoy haciendo.

En ocasiones, trabajar con IA implica bastante más trabajo del que parece desde fuera.

Lo que realmente me preocupa

No me preocupa especialmente que una inteligencia artificial pueda hacer determinadas cosas que yo hago. Lo que me inquieta es que nos acostumbremos a aceptar cualquier resultado.

Que empecemos a dar por buenas imágenes mediocres, vídeos artificiales o soluciones visuales repetidas simplemente porque son fáciles de producir.

No creo que todo lo generado con IA sea malo. De hecho, veo constantemente a personas haciendo experimentos increíbles, mezclando técnicas, modelos y procesos de maneras que ni se me habrían ocurrido. Algunos trabajos me dejan completamente loco.

Pero también veo el riesgo de que terminemos rodeados de una estética cada vez más uniforme.

Y aquí aparece otra contradicción interesante: si eso ocurre, quizá quienes quieran diferenciarse necesiten cuidar todavía más su identidad visual.

Puede que, cuanto más fácil resulte generar imágenes, más valor tenga saber elegir, tener gusto, construir un lenguaje propio y reconocer cuándo algo está realmente bien resuelto.

Al menos, me gusta pensar que será así.

Aprender sin dejar de saber hacer

Hay algo que tengo bastante claro: si mañana desapareciera la inteligencia artificial, podría seguir trabajando.

Seguiría diseñando, ilustrando, componiendo y buscando soluciones con las herramientas que he utilizado durante años.

Lo que ha cambiado es la cantidad de caminos que ahora puedo explorar.

Puedo empezar con un boceto, desarrollar una imagen con un modelo generativo, reconstruirla en Photoshop, llevarla a vídeo, convertir un elemento en 3D o incluso programar una herramienta que me ayude en alguna parte del proceso.

No siempre utilizo todo eso. Ni tendría sentido hacerlo. Cada proyecto necesita cosas distintas.

Mi gusto tampoco creo que haya cambiado por utilizar IA. Sigo teniendo mis referencias, mis manías y mi forma de entender el diseño. Lo que sí ha cambiado es la posibilidad de experimentar con ideas que antes me habría costado mucho más desarrollar.

La curiosidad sigue siendo lo mejor de todo esto

Desde aquel primer ordenador con disquetes hasta los modelos de inteligencia artificial actuales, he tenido la sensación de ir creciendo al mismo tiempo que evolucionaban las herramientas.

Nunca he sentido especialmente que tuviera que aprender todo esto por obligación. Me gusta investigar, descubrir funciones nuevas, probar combinaciones y averiguar cómo funcionan las cosas.

A veces termino dedicando horas a algo que no tiene ninguna utilidad inmediata. Otras veces, uno de esos experimentos acaba convirtiéndose en una solución para un proyecto real.

Supongo que es una manera de trabajar que llevo arrastrando desde hace mucho tiempo.

No sé cómo será mi profesión dentro de cinco años. Tampoco sé si dentro de unos meses seguiré utilizando las mismas herramientas que utilizo ahora.

Y, aunque llevo bastante tiempo metido en todo esto, sigo sin tener una postura definitiva sobre la inteligencia artificial.

Me entusiasma, me preocupa, me sorprende y a veces me desespera.

Pero hay algo que no ha cambiado desde que encendí mi primer ordenador: sigo teniendo ganas de ver qué puedo hacer con lo siguiente.